En el sector de alimentos, existe un mito muy difundido entre las pequeñas y medianas empresas: pensar que las Buenas Prácticas de Manufactura (BPM) y el Sistema de Análisis de Peligros y Puntos Críticos de Control (HACCP) son lujos exclusivos de las grandes multinacionales o requisitos molestos que solo sirven para evitar sanciones de las autoridades sanitarias. La realidad es completamente diferente. Las empresas que lideran el mercado no ven estos sistemas como un gasto de